Que dolor de cabeza, el de la persona que no ha dormido en días.
Llevo sin dormir desde hace 3 días, y las horas siguen pasando por mi lado, y siento que me voy a desmayar. Esta es la tercera taza de café que me tomo, y el quito cigarrillo que me fumo, porque no puedo dormir. Debo llevar a la mocosa de mi jefa y su amiguita de compras. Y las tengo que soportar aunque no lo quiera. Harán bromas de doble sentido, y lloraran cuando vean una foto del famoso galán de la película de moda… un vampiro que quiere convertir a una chica en vampira, para pasar el resto de la eternidad con ella, pero no lo hace, porque no sabe si ella quiere ser suya también para siempre… típicas historias hollywoodenses. Algo que no es difícil esperar de esas porquerías: siempre hay un tipo que también ama a la tipa, y para colmo, es más lindo que el protagonista. Como lo aborrezco. Pues las mocosas se van a compras navideñas. Y solo se dignan a invitarme al cine, porque saben que es mi cumple años. Tres días sin dormir. Tres días, siete horas, y cincuenta minutos. Que desdicha. ¿Pero que se le puede hacer? No soy más que un empleado. Un simple miembro más de este proletariado. Bueno, algo debe mantenerme en pie: música, café, cigarrillos. Algo. Las mocosas me llevan arrastrado al risco, arrastrado. Siento un dolor punzante de cabeza, y un torrente de flema bajar por mi nariz. Siento mis ojos ardientes por tanto trabajar… siento … ya no siento.
jueves, 24 de diciembre de 2009
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario