Mireille miraba al cielo. Estaba en el coche, con Víctor a su lado. Cada vez era más difícil dejar de pensar en el. En la radio, estaban tocando una de las canciones románticas favoritas de ella. Miro a Víctor, y le dijo:
- ¿Sabes que siempre quise hacer el amor escuchando esa canción de los 80’s…? es de Guns n’ Roses. Es mi favorita de ellos. ¿La conoces?
- ¿November Rain? Si, es bonita.
Miro al suelo como para no mirarlo a los ojos. Víctor había sido el mejor chico que Mireille había conocido en toda su vida. No era el más bello, y precisamente, su mismo novio era más guapo que el. Pero los talentos y la forma de ser de Víctor, le hacían temblar por dentro cada vez que rozaban. Y él sentía algo por ella. Lo sabía, porque el mismo se lo confesó. Mireille recordaba bien que se lo dijo una noche que ella le había cocinado, porque sabía que él no tendría nada de comer ese día y el próximo, porque no tenía comida en su nuevo apartamento:
- Es irónico.
- ¿Que es irónico?
- Llevo toda mi vida buscando una chica como tú, Mireille. Te encontré, te conocí…, y que irónico es que tienes novio.
- ¿Estas hablando en serio?
- Si. Eres bella, inteligente, talentosa. Eres tan cariñosa, y te importo. Me gustas mucho, pero es imposible estar contigo. Yo te respeto a ti mucho, y sé que no tienes interés hacia mí. Solo como amigo. Además, tienes pareja, y también lo respeto mucho a él.
- Tú… tú también me gustas. Pero yo amo a Andrés.
Que mentira tan barata. Mireille ya no amaba a Andrés. Y era tan obvio que no era feliz, que ella no quería continuar con esa mentira, teniendo la posibilidad de amar y ser feliz con Víctor. Aunque era difícil para ella hacerle daño a él, ella sabía bien que no podía continuar con esa mentira. Lo quería, pero ya la pasión se había esfumado. Ese mismo día, estaba planeando romper con él. Y lo iba a hacer, sin compasión alguna. Su mirada dejo el paisaje, para ir directamente al grano.
- Estoy contenta de que vamos a salir juntos en grupo. Espero disfrutar mi tiempo con todos.
- Si. ¿Vamos a ir al cine con Michelle y los demás? Estaban muy emocionados por la nueva película que...
- Si. Me lo habían dicho. Tengo que decirte algo… voy a…
- ¿Que vas a hacer?
- Pienso romper con Andrés hoy. Me mata la culpa de haberle sido infiel, y de haberle hecho daño, pero no me puedo dejar llevar por eso. Quiero ser feliz con alguien que yo ame, no infeliz con alguien que me ama pero yo no a él.
Un silencio peor que el que deja la muerte atrás, nos invadió. El me miro sorprendido, y me pregunto:
- ¿Estás hablando en serio? ¿Vas a dejarlo?
Su felicidad fue difícil de disimular, por lo que le respondí seca:
- Tú sabes lo infeliz que soy con él. Tú sabes que no lo amo. Sabes que le fui infiel con Kedah. Y que estúpida fui. Lo intente alejar, y lo único que logre, fue acercarlo más todavía.
Su silencio por poco mata a Mireille de un infarto. Pero todo tiene final, y el finalmente le respondió:
- No puedo negarte que estoy feliz. Pero por favor, se prudente. No quiero tener que pelear con él. Y no lo hagas sin gente a tu alrededor. Sabemos que no te dejara ir tan fácil.
Esta vez, la que callo fue ella. Recordaba todas las veces que le decía que el moriría sin ella, y que enfurecido por cosas que ella decía, por la mas mínima estupidez, se dejaba llevar por su odio y tiraba todo a su alrededor. Lo más horrible, es que tenia doble personalidad, así que en uno de sus episodios, le había tratado de matar dos veces. Ella le tenía miedo a veces. Pero esta vez, lo haría en público, y no se dejaría llevar por nada del mundo por sus palabras de persuasión o sus suplicas.
Llegaron al centro comercial, donde se encontraba el cine y la zona de juego donde se encontraba el grupo de amigos. Siempre, desde la preparatoria, había sido su punto de encuentro. Mireille era la amiga de todos y cada uno de ellos. La hermana, y la madre. Era como si ellos tuvieran una cuerda atada a ellos. Andrés llego, y la encontró afuera. La besó, y ella le dijo con dureza:
- Tú y yo tenemos que hablar.
El grupo fue a una tienda a mirar muebles, para la casa que Michelle y David habían comprado. Mireille aparto a Andrés del grupo un poco, y se sentó a hablar con él.
- ¿Oye, que quieres hablar conmigo?
- …
- ¿Por qué tan callada?
- Ehm… no sé. Es que no se cómo explicártelo.
- ¿Qué pasó? ¿Tienes algún problema?
- No. Bueno… si. Tengo un problema.
- ¿Cual? ¡Dime, por favor!
Parecía preocupado y muy pendiente a lo que ella pensaba. Parecía muy atento.
- Pues… no quiero estar contigo.
Su expresión cambio, de preocupado a consternado y desafiante. Se veía más enojado que triste. El sabía algo, y Mireille lo sospechaba.
- ¿Qué?
La mirada de Mireille se volvió a desconcentrar de la cara de su ya ex novio, para mirar sus sucias uñas, que siempre se mordía por los nervios. Ahora, decidió demostrar su fuerza emocional, y no se las mordió y tampoco siguió mirándolas. Desafío a Andrés con la mirada, y le repitió lo que el parecía no haber oído.
- Eso. No quiero estar contigo más. Eres muy celoso, y no me das mi espacio. No te amo…
- ¿Cómo que no me amas? ¿Estás diciéndome que ya no me amas? ¿Por qué? ¿que hice mal?
Ella se pregunto a si misma… ¿Qué ha hecho mal él? Se rio en sus adentros, y no tuvo otra respuesta mejor que esa, pero eso fue poco, para todo lo que había sufrido con él.
- Te acabo de decir que no te amo y que me sofocas. Eso es lo que hace que no te ame ya.
- Pero… ¡puedo cambiar! Por favor, dame una oportunidad. ¡Por favor!
Se arrodillo frente a ella, y le suplico perdón, le dijo que la amaba, y ella le dijo que no se arrodillara, que no era necesario. Ella estaba decidida a no aceptar nada más de él. Nada. Le pidió sus anillos, y le dijo que hablaría luego con él para pedirle el resto de sus cosas. Ocho meses de su vida, se fueron por el inodoro. Ya no valían para nada.
- ¿De verdad puedes cambiar? Yo no lo creo.
- ¡Dame una oportunidad! ¡Te lo juro, hare lo que quieras!
- Por favor, no seas inmaduro. ¿Puedes tomártelo con más calma? Yo estoy más que segura, que lo olvidaras rápido. No te lo tomes a mal. No tengo nada en contra tuya. Te ame mucho al principio, pero ya sabes que eso cambio, y no fue tu culpa. Soy yo la que no te ama más. Comprende eso. No me busques más. Yo no te llamaré. No quiero estar con nadie, quiero estar sola. Sola por mucho tiempo.
- ¿Por qué me haces esto? Yo te amo. ¡Yo haría lo que tu quisieras! Por favor, dame una oportunidad.
- Te he dado muchas oportunidades, y has hecho lo mismo una y otra vez. No quiero nada más contigo. Adiós.
Mireille se fue directamente hacia Víctor, y él la abrazó, y la consoló por mucho rato. Ella decidió decirle que la llevara a su casa. Fue a la cama, y no se levanto hasta el otro día. No disfruto eso. Tampoco es fácil hacer sufrir a alguien que quisiste, eso es obvio.
Pasaron los días, y la única persona que la llamo, fue Víctor. Preguntándole como estaba, y cuando le dijo que estaba bien, que quería tiempo sola, no la volvió a llamar, a petición de ella misma.
Cinco días pasaron, y ella decidió salir a ver el sol. Había comido mucho en esos días, dormido, y visto películas, y se sentía pesada como una foca. Quería salir a caminar un rato. Necesitaba el aire fresco, lo que no tenía muy a menudo. Llamo a Víctor. Fue lo primero que hizo, solo para ver si él estaba cerca. Y cuando ella lo llamo, como un golpe de suerte, él le dijo:
- Estoy frente a tu casa. ¿Puedes bajar? He estado pensando en ti y estoy preocupado.
- Ehm… si. No hay problema.
Bajo las escaleras, y lo encontró recostado de su coche, con su bello pelo lacio oscuro bajándole por la frente… se sentía tan feliz de tenerlo cerca de nuevo. Cuando lo abrazo, sintió otro calor, otros sentimientos que hacía tiempo reprimía: amor, deseo, pasión. Ahora, se sentía libre para experimentar todos esos sentimientos de nuevo.
- Tengo una sorpresa para ti.
Víctor interrumpió sus pensamientos, para enseñarle unas pulseras. Le dijo que pensó que le gustarían, y se las puso sin preguntar. Ella respondió con una sonrisa, y un beso en la boca. Le dijo que lo quería mucho, y luego se metió al coche y le dijo:
- Llévame a un sitio lejos de aquí, por favor.
- ¿A donde quieres ir?
- Donde tú quieras ir. Sorpréndeme.
El pensó un rato, y luego de un rato, se monto en el coche, y la llevo a su apartamento.
Allí, puso un CD en su componente, y puso una canción es especifico a repetir.
Mireille se quedo sin aliento, cuando escucho el piano de ‘November Rain’ en el componente, a máximo volumen. En ese momento, Víctor la miro, y le dijo:
- Sé que querías hacer el amor con esa canción. Me lo dijiste hace unos días. Pensé que sería apropiado escuchar esa canción ahora… no sé.
- …sabes… siempre pensé que eras hermoso, y perfecto. Ahora no sé qué decir. Creo que no hay palabras para describirlo. Quiero que sepas que no estoy preparada para estar con nadie todavía… no puedo comprometerme contigo a solo días de haber dejado a…
- Shhh… bésame de nuevo con esos labios. Me vuelves loco. Daria lo que fuera por ti. Pero te prometo nunca ser como el… y también te prometo que nunca te hare daño.
Se besaron, se abrazaron, y aunque ella sabía que eso no era cierto siempre en un punto, se dejo llevar. Estas cosas suceden mucho, y ella estaba apasionada en ello, así que se dejo llevar.
Eran las 4 de la mañana, cuando los dos despertaron porque alguien tocaba la puerta del estudio, repetida y escandalosamente. Mireille pensaba que podía ser un puro error, pero por si las moscas, se vistió y salió a mirar junto con Víctor. Abrieron la puerta, y se sorprendieron cuando vieron a Andrés, entrar y emitir un alarido horripilante. Llorando, y con un intenso olor a licor que despedía de su boca, y estaba despeinado y sin camisa.
- ¡Eres una traidora, y tu, un desgraciado!
- ¡De que hablas! ¡Yo no te he traicionado!
- ¡Si lo hiciste! ¡Te odio tanto! – dijo entre lagrimas – y te amo a la vez… si no eres mía… me muero... si no eres mía… ¡no serás de él tampoco! – saco una pistola, y disparo a Víctor tres veces en el pecho.
- ¡NO! ¡No lo hagas! ¡NO!
Víctor cayó al suelo, dándose un golpe en la cabeza, y sangrando. Mireille se levanto, lo miro a los ojos, y exclamo entre lágrimas:
- ¡Mátame a mí! ¡Mátame!
Andrés la miro casi con lastima, y le dijo:
- No te puedo matar. Te amo demasiado. Pero yo si quiero morir, por que se que ahora me odias.
- ¿Qué? ¿estás loco verdad?
Algo muy obvio, y simplemente futuro. Andrés se pego un tiro ahí mismo, sin remordimientos. Y ella, sin poder soportarlo, miro el reloj, salió del apartamento, fue a la playa que quedaba cerca del departamento, entro hasta que el agua le llego a los tobillos, y se pego un tiro en la sien. Su sangre coloreo ligeramente el agua salina de rosado oscuro. Sus ojos llenos de lágrimas, cerrados, también estaban llenos de sangre. En su mano, escribió algo que siempre supo cierto, desde que nado por primera vez: ‘Soy como el mar, y a él le pertenezco. Por eso, soy libre. Libre de hacer lo que quiera.’
miércoles, 30 de diciembre de 2009
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